SALUD

Contaminación y neumococo: los sorprendentes hallazgos de un nuevo estudio

La investigación se centró en casi 60.000 casos.

La contaminación atmosférica y algunas condiciones climáticas podrían influir en el riesgo de desarrollar enfermedad neumocócica invasiva, según un nuevo estudio publicado en la revista Nature Microbiology. La investigación fue liderada por el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) y analizó casi 60.000 casos registrados durante 19 años en más de 500 hospitales de Sudáfrica.

La enfermedad neumocócica invasiva es provocada por la bacteria Streptococcus pneumoniae, un microorganismo que puede generar cuadros graves como neumonía, meningitis e infecciones del torrente sanguíneo. Aunque existen programas de vacunación, el neumococo presenta una gran diversidad. En este aspecto, se conocen más de 100 serotipos y cientos de linajes genéticos, que pueden tener diferentes características y formas de circulación.

Para estudiar cómo interactúan estas variantes con el ambiente, los investigadores analizaron 59.017 casos de enfermedad neumocócica invasiva y sumaron la información de aproximadamente 4.350 muestras bacterianas sometidas a secuenciación genómica. También incorporaron datos sobre contaminación atmosférica, temperatura y humedad. El procesamiento de este enorme volumen de información fue posible, en parte, gracias al superordenador MareNostrum 5.

Uno de los principales hallazgos fue una asociación entre la exposición a partículas finas PM2.5 y un mayor riesgo de enfermedad neumocócica invasiva. Se trata de contaminantes microscópicos capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio. Sin embargo, el aumento del riesgo no se presentó de la misma manera en todos los casos. Así, el momento y la intensidad del efecto variaron según la edad, la manifestación clínica y, especialmente, el subtipo de bacteria involucrado.

En algunos casos, el incremento del riesgo apareció poco después de una exposición elevada a PM2.5, mientras que en otros se observó varias semanas más tarde. Los investigadores también encontraron diferencias vinculadas con la temperatura y la humedad. Las temperaturas mínimas de entre 4 y 10 °C se asociaron con un aumento moderado del riesgo acumulado durante las ocho semanas posteriores, mientras que una humedad relativa moderada, de entre 33% y 49%, mostró un patrón similar.

El calor, en cambio, presentó un efecto más inmediato. Las temperaturas máximas de entre 27 y 38 °C se asociaron con un aumento de hasta un 10% en el riesgo durante la semana posterior a la exposición. Para los investigadores, estas diferencias temporales sugieren que el frío, el calor, la humedad y la contaminación podrían influir sobre la enfermedad mediante mecanismos diferentes.

La investigación también puso el foco en la diversidad genética del neumococo. Según los autores, las distintas variantes bacterianas pueden modificar tanto el momento en que aparece la enfermedad como quiénes presentan mayor riesgo frente a determinadas condiciones ambientales. Esta interacción podría estar relacionada con las características del microbioma respiratorio de cada persona. Los resultados, además, plantean la posibilidad de desarrollar sistemas de vigilancia epidemiológica más precisos, que integren información ambiental, clínica y genómica para anticipar períodos de mayor riesgo y orientar estrategias de salud pública.

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