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Juicio por el ARA San Juan: condenaron a un exjefe de la Armada y absolvieron a otros tres mandos por el hundimiento

La Justicia cerró una de las investigaciones más relevantes sobre la tragedia naval argentina reciente, que dejó 44 muertos.

El juicio por el hundimiento del submarino ARA San Juan terminó este miércoles con una única condena y tres absoluciones. Al respecto, por mayoría, el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz sentenció a Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina, a tres años de prisión en suspenso por su responsabilidad en la tragedia que provocó la muerte de los 44 tripulantes.

Sin más, Villamide fue considerado responsable de los delitos de estrago culposo agravado por la muerte de los tripulantes e incumplimiento de los deberes de funcionario público, en línea con el planteo realizado por la fiscalía. Al tratarse de una pena de ejecución condicional, el exmarino no deberá cumplir prisión efectiva.

Allí, en el mismo fallo, los jueces absolvieron a otros tres altos mandos de la Armada: Luis Enrique López Mazzeo, excomandante de Adiestramiento y Alistamiento; Héctor Aníbal Alonso, exjefe del Estado Mayor de la Fuerza de Submarinos; y Hugo Correa, exjefe de Operaciones del organismo.

Esta resolución fue tomada luego de más de 30 audiencias de debate oral, que comenzaron el 3 de marzo en Río Gallegos y en las que declararon cerca de 90 testigos, entre ellos especialistas navales, ingenieros, peritos, submarinistas y exintegrantes de la cúpula de la Armada.

 Los jueces del Tribunal Oral de Santa Cruz: Giménez, Reynaldi y Baronetto.

Esta causa tuvo como objetivo establecer si existieron responsabilidades en la cadena de mando por las condiciones operativas, el mantenimiento del submarino y las decisiones tomadas antes y durante la última misión del buque. La nave había informado una avería vinculada al ingreso de agua al sistema de ventilación y un principio de incendio en el compartimiento de baterías de proa antes de perder contacto.

Se sabe que un año después, el submarino fue localizado a casi 900 metros de profundidad, en una zona del Atlántico Sur. Los peritajes determinaron que sufrió una implosión producto de la presión del agua luego de perder la capacidad de mantenerse a flote.

A causa de ello, la investigación técnica apuntó a una cadena de fallas que incluyó el ingreso de agua de mar, problemas en el sistema eléctrico y la posterior pérdida de control de la embarcación.

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