La Región

La historia detrás de la moneda del siglo XVII encontrada en San Jerónimo del Sauce

Juan Carlos Ternavasio, detectorista de metales aficionado, fue quien la encontró.

Un domingo cualquiera, después del almuerzo, Juan Carlos Ternavasio tomó su detector de metales y salió a “pasar el rato” por un baldío a dos cuadras de su casa, en San Jerónimo del Sauce, en el centro de la provincia de Santa Fe.

Lo que no imaginaba era que, a unos 30 centímetros de profundidad, lo esperaba un hallazgo con 400 años de historia: una moneda macuquina, una de las primeras que circularon en América durante la colonización española.

“Vi la crucecita y me empezó a palpitar el corazón”, recordó Juan Carlos con la emoción intacta en diálogo con AIRE. “Siempre un detectorista sueña con encontrar una macuquina. Es muy poco usual. Muy difícil”, agregó. Y no es para menos: se trata de una pieza de plata forjada a martillazos en Potosí, Bolivia, durante el siglo XVII.

Qué es una moneda macuquina

Las monedas macuquinas fueron piezas fundidas artesanalmente en las cecas coloniales de América entre los siglos XVI y XVIII. Se hacían a mano, golpe a golpe, sin moldes circulares, por lo que su forma es siempre irregular.

“La plata en Potosí sobraba, pero no había maquinaria, entonces las monedas se hacían a golpe de martillo. Por eso tiene esa forma irregular”, explicó Ternavasio, en diálogo con José Curiotto en el programa "Creo".

Su macuquina, en particular, lleva una cruz de Jerusalén, símbolo habitual en este tipo de piezas. “Todas tienen una cruz que representa la unión de los Reyes Católicos con la Iglesia. Por el tipo de cruz, esta se puede datar entre 1652 y 1772”, agregó.

"Vi la crucecita y me empezó a palpitar el corazón"

Juan Carlos encontró la histórica moneda a 30 centímetros de profundidad, en un lote baldío, a dos cuadras de su casa. “No es que haya un yacimiento o un fuerte. En cualquier lote del pueblo puede haber una sorpresa”, aseguró.

“Me hice un ratito después de almorzar, como hago a veces. Fue el primer pozo. Cuando la vi, sin anteojos y a los 63 años, vi la crucecita y me empezó a palpitar el corazón”.

No se quedó con la duda. “Me volví a casa, la limpié, saqué fotos y las mandé a grupos de detectoristas y numismáticos. Todos me dijeron que sí, que era una macuquina”.

Fuente: AIRE

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