La Región

Prisión perpetua para Martín Kunz

El joven de Humboldt había atacado a estudiantes del Liceo Militar General Belgrano de Santa Fe y mató al chofer que los trasladaba.

Martín Kunz fue condenado a prisión perpetua por el ataque a un grupo de cadetes del Liceo Militar General Belgrano de Santa Fe en el que asesinó al chofer que los trasladaba, Rubén Isidro “Bigote” Walesberg.

El tribunal conformado por los jueces Pablo Ruiz Staiger -presidente-, Lisandro Aguirre y Celeste Minniti, falló de forma unánime, imponiendo la pena de prisión perpetua al exliceísta. Lo encontraron culpable del “homicidio criminis causa” del chofer, cuatro “tentativas de homicidio” y la “privación ilegítima de la libertad” de siete cadetes.

Kunz fue llevado a juicio por los fiscales Ana Laura Gioria y Estanislao Giavedoni, y por los querellantes Daniel Recamán -representante de la familia Walesberg- y Mariana y Néstor Oroño -por los cadetes-. La defensa estuvo a cargo de la Dra. Virginia Balanda, del Servicio Público Provincial de la Defensa Penal

El debate

Kunz llegó a juicio acusado del “homicidio criminis causa” de Walesberg, la “tentativa de homicidio” de cuatro cadetes y la “privación ilegítima de la libertad” de siete de los diez adolescentes que iban en la combi cuando todo comenzó.

La fiscalía intentó reconstruir lo ocurrido el 19 de agosto de 2022 a partir de los dichos de los cadetes -dos declararon en juicio mientras que del resto se reprodujeron las entrevistas en cámara Gesell realizadas poco tiempo después del suceso-, que fueron contrastados con otras evidencias, entre ellas las cámaras de la panadería La Perla de Colastiné, en cuyo estacionamiento comenzó todo.

Policías, peritos de la Policía Científica Forense, médicos, psicólogos y psiquiatras declararon como testigos durante cinco jornadas. A ellos se sumaron los padres y madres de los cadetes, quienes acompañaron todas las audiencias desde dentro y fuera de la sala.

En ocho segundos

De la reconstrucción surgió que Kunz abordó la trafic en el estacionamiento de la panadería, en la que los cadetes siempre paraban para comprar el almuerzo en su viaje del Liceo hasta San Javier.

Las cámaras lo captaron acercándose al vehículo a paso acelerado luego de que la última cadete se subiera. Tan solo ocho segundos después, el chofer “Bigote” Walesberg salió de la camioneta trastabillando y quedó tendido sobre la vereda, en un charco de su propia sangre. De los cortes que tenía, el ubicado al frente de su oreja, fue letal y provocó que se desangrara rápidamente.

Momentos después, tres asustados cadetes descendieron del vehículo. Dos de ellos sufrieron heridas en la zona del cuello, y fueron socorridos por quienes estaban en los locales de la zona. Mientras, un grupo de personas se acercó a la trafic, cuya puerta había sido cerrada, y comenzaron a golpear para que alguien abriera.

Fue entonces que la camioneta arrancó, con dificultad, y se alejó por la colectora para luego subir a la Ruta Provincial N°1 en dirección sur-norte.

Enajenado

La discusión del juicio giró en torno a qué ocurrió dentro de la trafic.

Los cadetes observaron, desde distintos ángulos y en mayor o menor medida, cómo el encapuchado -que luego sabrían que era Kunz- se abalanzó sobre “Bigote”. Casi todos creyeron que lo estaba golpeando, que se trataba de un robo.

En su primera y única declaración desde el inicio del proceso judicial, hace tres años, Kunz dijo que saludó al chofer y que algunos liceístas, enojados por su presencia allí, lo asesinaron. También reconoció que obligó a uno de los chicos a manejar, y que atacó pero “para defenderse”.

Los cadetes recordaron a un encapuchado enajenado, tirando puntazos para todos lados, ensañándose con uno de ellos y diciéndoles que si querían vivir debían rezar.

Recorrieron cinco kilómetros en la trafic hasta que la policía los interceptó, y Kunz se entregó. Ya sobre la ruta, cuando fue reducido por los uniformados y le pidieron que se identificara, fue que los cadetes supieron de quién se trataba. La mayoría había tenido poco o nulo contacto con él.

“Que puedan vivir en paz”

Del juicio participaron profesionales de la salud mental que dieron cuenta de que Kunz era consciente de sus actos al momento del hecho, y realizaron un perfil psicológico del excadete. Otros atendieron a las víctimas, y explicaron los traumas que la terrible experiencia les causó.

Médicos, cirujanos y forenses detallaron qué tipos de lesiones sufrieron los cadetes y el chofer, y por qué las de este último resultaron fatales. Policías recordaron las intervenciones que realizaron en las dos escenas del hecho: el estacionamiento de la panadería y la trafic.

Por último, los padres de los chicos explicaron el impacto que el ataque tuvo en sus hijos y en sus familias, reclamaron justicia y pidieron que se aplique “la pena máxima” para que los chicos “puedan vivir en paz”.

La sentencia dictada este miércoles es una primera resolución para este caso, y los fundamentos detrás de la decisión serán dados a conocer la semana próxima.

 

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